martes, 28 de agosto de 2012

Tributo al Cómic VI/ Comic Tribute VI

Condorito. Creado por René Ríos Boettiger (Pepo) en 1949.


Emplumada y versátil celebridad chilena, Condorito rondó por todas las ocupaciones que la respetabilidad de su publicación le permitió. Fue alternativamente millonario y menesteroso, artista y guardiacarcel, académico y tipo lúcido, sacerdote y trabajador incansable. Y, aunque se le identifica mayormente con su faceta proletaria, nadie negará que le bastaron sus pantalones rotos, sus chistes malos y su irresistible encanto aviar para hacerse de la mujer soñada y para atraer a sus páginas un público por siempre ajeno a cualquier otra muestra de arte secuencial. "Plop!" para Alan Moore... y para varios más...

miércoles, 15 de agosto de 2012

Tributo al Cómic V/ Comic Tribute V

Patoruzú e Isidoro, creados por Dante Quinterno en 1928 y 1935 respectivamente.


La destreza física de Patoruzú no conocía límites, como tampoco su billetera. Dueño de un misterioso patrimonio inagotable (sin aparente necesidad de justificación; lo que parece constituir una usanza bastante difundida en la patagonia, si bien el indio nunca pareció interesarse en la política), abnegado y generoso (o al menos derrochador y benedictinamente caritativo) y con ciertas ínfulas de nobleza nada extrañas a las fantasías nacionales (se decía perteneciente a una ¿dinastía? tehuelche), Patoruzú defendía a los débiles, los animales y a la propiedad privada y luchaba, a punta de puños e inversiones, por el orden, la ciencia y el progreso...
Por suerte estaba Isidoro, su apoderado, oportunista y cobarde, manipulador y tramposo, pero capaz de evitarnos con su dosis de cínica realidad el tedio que podía resultar de tan extraña mezcla de convencionalismos. Lo que no es poco mérito: generalmente no bastan los poderes combinados de una docena de superhéroes para conseguirlo...

miércoles, 1 de agosto de 2012

Tributo al Cómic IV/ Comic Tribute IV

Spawn. Creado por Todd McFarlane en 1992.

Al Simmons era negro, malo y estaba muerto, fórmula que no hería la suceptibilidad del lector de comics hasta ese momento (aunque en los noventa esa idea debiera haberse considerado agua pasada, cabe aclarar que el público del cómic se ha caracterizado siempre por la lentitud para asimilar la ruptura de moldes). Pero resultó que todo eso era sólo el comienzo y que -regresado del infierno en un cuerpo monstruoso lleno de remaches, andrajos y cadenas- se convertía en una especie de héroe metafísico, en constante guerra con el horror del que era fruto, con un cielo burocrático lleno de ángeles despiadados y sensuales que acudían a la batalla en armadura y colaless, y con la propia perversidad interior que había destruído su vida, y amenazaba convertirlo definitivamente en instrumento de un oscuro titiritero infernal.