miércoles, 11 de septiembre de 2013

Lo que el agua dejó...

 Tras un fin de semana trabajando fuera, me encontré con que, gracias a una puerta impertinentemente abierta, la lluvia del sábado hizo estragos en mi taller. Mientras recitaba en voz alta las más barrocas composiciones que convenían al caso, y esparcía los papeles perjudicados a fin de hacerme una idea de la gravedad de la situación y reparar lo reparable, extraje del rincón más descuidado una vieja carpeta de dibujos mojados. El hato de papeles amarillentos y húmedos, contenía vestigios varios de las inquietudes artísticas de un joven Carlos Dearmas, que no soy yo, sino que fue otro, más sabio y más claro tal vez, y de cuyo paso por la existencia les daré hoy testimonio, con un par de dibujos ajados y algunos inconclusos, de entre los pocos que me legó, y que mal he cumplido en conservar.


Algún tipo de extraña ave de los esteros...



El fumador



Cierta turba hambrienta




Díptico de Adán y Eva



Un hombre ante un espejo

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